Carta de una amiga

Tengo una amiga, que es hermana, una hermana que es una amiga ! aun con la diferencia generacional que no separa , de la distancia geográfica y todas las cosas que se interponen entre los que pensamos y sentimos igual, hoy me llego esta carta y merece difusión !



Vivo en un país donde hay libertad para expresarse, pero al hacerlo, me arriesgo a que me enjuicien por terrorista.

Vivo en un país donde puedo tener una vivienda en posesión, aunque no tengo posibilidades económicas de adquirir una. Y si logro adquirirla, mi país se encarga de encontrar la forma de volvérmela a arrebatar y hacer que continúe pagándola.

Vivo en un país donde se permite el acceso a la educación, por eso tengo una carrera universitaria.  Pero la que tengo no es la que quería tener, sino la que pude asumir económicamente porque mi país no me concedió becas para estudiar y mantenerme mientras lo hacía. Mi país no considera que el acceso a la educación deba ser gratuito, después de dejar el instituto. Además, mi formación universitaria no me permite encontrar trabajo porque no hay trabajo que encontrar en mi país. Y no me permite acceder a puestos de baja cualificación, porque las empresas y sus dueños desechan a las personas con excesiva cualificación.

Vivo en un país que me invita a apuntarme en sus estadísticas de parados, pero no para ayudarme a salir de ellas sino para saber que puede disponer de mi tiempo como quiera: para hacerme estudiar cursillos que no sirven para nada y no permiten una salida laboral o para asistir a entrevistas laborales que me llevarán a trabajar lejos de éste, mi país.

Vivo en un país donde todos los supermercados mantienen sus puertas abiertas para darme la bienvenida y ofrecerme miles de productos distintos, sin restricciones. Sin embargo, mi economía sólo me permite subsistir con un máximo de 25 euros por semana y tengo que aprender a entrar al supermercado y comprar, con los ojos cerrados.

Vivo en un país con acceso a internet, con acceso a la información democratizada. Pero mi país vigila celosamente sobre qué y dónde me informo, para poder acabar acusándome de terrorista o de hacer apología al terrorismo. Para poder llevarme a juicio o a la cárcel, cuando el uso que haga de internet me beneficie, en lugar de empobrecerme aún más.

Si mi país no me gusta, puedo irme. Puedo irme a donde quiera porque mi país no me lo niega. Es más, si mi país me gusta pero quiero salir de viaje y disfrutar de unas vacaciones en cualquier parte del planeta, puedo hacerlo libremente. Lo que pasa es que no tengo dinero para pagar los viajes, por lo que tengo que quedarme en mi país.

Vivo en un país que permite a mis hermanos uniformados reprimirme, castigarme físicamente y arrastrar mis derechos por el alquitrán. Todo ello, bajo las justificadas razones de mantener un puesto de trabajo y dar de comer a los hijos que tengan mis hermanos uniformados. Esos que siempre tienen familia, esos que siempre lo hacen todo por amor a su progenie.

Vivo en un país que gana medallas y premios en deporte. Mi país es o ha sido campeón en fútbol, baloncesto, balonmano, tenis, fórmula 1 y un largo etcétera de competiciones deportivas. Sin embargo, uno de los principales problemas de salud de mi país es la obesidad, porque los habitantes llevan una vida sedentaria y una alimentación deficiente.

Vivo en un país que se enorgullece de sus sistema sanitario gratuito y universal. Sin embargo, mi país empobrece sistemáticamente los servicios sanitarios gratuitos que me brinda y mejora sustancialmente los mismos servicios, prestados por la empresa privada. Así, me resulta muy sencillo convencerme de que la seguridad social es una mierda y lo que debo hacer es pagar, para asegurarme que lo que debería estar gratuitamente asegurado, acaba por estar asegurado a medias, a cambio de dinero. Y si no tengo dinero, mi país me permite la libertad de morirme, esperando a que mi problema de salud escale en la lista de espera que no deja de crecer.

Lo mejor de todo es que mi país cuenta con un gobierno democrático, un gobierno que puedo elegir cada cuatro años en las urnas. El problema es que tengo que elegir un gobierno sin tener formación política, puesto que mi país no me la brinda. Y tengo que elegirlo sin que éste me cuente cuál es su proyecto para los próximos cuatro años. Aún más, si me cuenta algo, es muy posible que después haga lo contrario y justifique su acción en la necesidad de mi país, no la mía, de subsistir. Aún mejor que todo ello: el gobierno de mi país engaña no solo a los que están en su contra sino a los que están de su lado. La democracia de mi país, pues, me permite asumir parte de la culpa de la situación en la que me encuentro (por haber votado o no haberlo hecho), para que no me queje por ella, para que no se me permita cambiarla, para que crea que sólo así lograré salir del hoyo que mi país ha cavado para meterme.

Y es que vivo en un país que se enorgullece de sus hoyos, de su capacidad histórica para cavar y meter en ellos a todas las personas que no se sientan libres de dejar que hagan de su vida lo que el país quiera.

Vivo en un país libre. Libre de destruir mis posibilidades de desarrollo personal, mi capacidad para vencer obstáculos y mi esperanza en que otro país es posible.

Pero mi país ganó el mundial.

p.d.: Eres libre de hacer con estas palabras lo que quieras. Puedes compartirlas, eliminarlas e incluso modificarlas. Si decides modificarlas, ni se te ocurra terminar el texto con mi nombre y apellido. Si decides modificarlas y terminar el texto con mi nombre y apellido, adelante. Ya dije al principio de la postdata que eres libre de hacer lo que quieras con estas palabras. No por ello voy a acabar dudando de qué dije... 
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Mari Olveira

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