de mi niñez
Mostrador
Cuando comencé a frecuentarlo , obligado , por mi madre , que veía esfumarse en caña , grapa o vino , lo escaso de los recursos familiares, apenas si podía adivinar el mostrador de estaño , fue después, que la superficie cambiara para el mármol, mas distinguido , pero siempre alimentando la sed de alcohol de tantos hombres como mi padre ¡ Para ese entonces, ya había crecido lo suficiente para verlo , ahí, lustroso , frio e indiferente a los dramas y confesiones de tanto borracho!
Pero para ese entonces , ya nadie me obligaba ¡! era mi trabajo , deber y obligación, querer arrancar a mi progenitor, de aquella otra casa , que no solo nos robaba en lo económico , sino también en la parte afectiva
Fueron muchas las horas transcurridas al lado de aquel mostrador , siempre de pie y creciendo lentamente, esperando impaciente por horas interminables pero resignado , a que el , mi padre , se sintiera saciado en su sed , o simplemente avergonzado de verme ahí , recordándole , con mi presencia , su conciencia.
Las largas horas, gastadas entre la angustia y el humo del tabaco, entre olor a sudor y a el alcohol , entre conversaciones, que podían llegar a discusiones, de discusiones que llegaban a veces a la violencia y del miedo que fuera mi padre uno de los involucrados, todos esos años , me marcaron de manera indeleble y me convirtieron, no en mejor o peor hombre que mi padre , solamante en un abstemio, que hasta ahora no comprende la necesidad del alcohol, ni para alegrar , ni para olvidar
( de cronicas del inquilinato )
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